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Este reportaje está escrito por Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad. Recuerda a un mal eslogan de campaña política señalar que todos somos la solución. Pero hay algo de verdad detrás de esa frase. Para que una estrategia de atención a la corrupción sea exitosa, tiene que involucrar al sector privado y a los ciudadanos. Sin un esfuerzo conjunto de corresponsabilidad, no hay resultados. Desde luego, no todos somos responsables en la misma proporción, pero existen acciones concretas que podemos hacer todos para resolver este problema. Para dimensionar qué tanto afecta la corrupción al país, es necesario analizar cómo se percibe a través de los distintos sectores de la sociedad: entender qué rol se le atribuye al sector privado, al gobierno o a los ciudadanos y cómo se reparten las responsabilidades.

La segunda edición de la encuesta sobre percepción de corrupción levantada a nivel nacional entre Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) y Datología (periódico Reforma) en marzo 2020 ofrece un primer acercamiento muy útil.

Dónde está la corrupción Al igual que en el 2019, la encuesta indica que el 67% de los mexicanos cree que se dan más actos de corrupción en el sector público que en cualquier otro sector. El vínculo entre el gobierno y la corrupción es el más relevante para los mexicanos. Con una caída de 4 puntos porcentuales, el sector privado es el menos mencionado en la encuesta cuando se pregunta dónde hay más corrupción. Si se comparan los datos de 2019 y 2020, creció el número de mexicanos que creen que hay más actos de corrupción entre los ciudadanos y disminuyeron quienes responsabilizan al sector privado. El presidente López Obrador sostiene, desde hace ya dos años, un discurso que denuncia “intereses privados corruptos”, la llamada “mafia del poder” que obtenía trato preferencial hasta que empezó su mandato. También hay un énfasis importante en el “pueblo bueno” que no participa de estas actividades, o si lo hace es porque no hay otra opción. Sin embargo, las respuestas de la encuesta reflejan que los mexicanos no comulgan con estas ideas. Responsabilidad de los actores sociales y políticos, ciudadanos y empresas En esta segunda edición de la encuesta, cuando se pregunta por responsabilidad frente a la corrupción, no hay sorpresas: el 78% de los mexicanos perciben que el gobierno tiene mucha responsabilidad en el combate a la corrupción; y siguen los ciudadanos, con 65% de las respuestas. Esto concuerda con los datos de presencia de corrupción dentro del sector: los sectores percibidos como más corruptos son también a los que se les asigna más responsabilidad en su combate.

Sin embargo cuando se pregunta por otros actores —sociedad civil, medios de comunicación o empresarios—, el porcentaje de personas que percibe mucha responsabilidad disminuye a menos de 50%. El discurso del gobierno federal sobre los responsables de la corrupción gira no sólo en torno a los funcionarios públicos del pasado, sino también a grupos empresariales, medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil. En el discurso oficial, estos actores se han aprovechado de la corrupción y la han alimentado. Es decir, los convierte en responsables. A pesar de ello, si se comparan las respuestas de la encuesta de 2019 con las de este año, vemos que la variación es mínima y no representativa. En el entendimiento general parece que, al menos en términos de responsabilidad, los mexicanos tienen una opinión formada y el discurso presidencial no aumentó la percepción de corrupción en los diferentes sectores. No obstante, que uno de cada dos mexicanos crea que los empresarios o la sociedad civil son muy responsable en el esfuerzo anticorrupción no es nada desdeñable. La corresponsabilidad es necesaria para tener soluciones efectivas y parece haber permeado en el entendimiento colectivo. Después de ver a quién se le deposita la responsabilidad, es relevante profundizar sobre cómo se percibe al sector privado en relación con la corrupción. No es lo mismo hablar de corrupción en las 4 millones de micro y pequeñas empresas que existen en el país, que en las 500 empresas más grandes de México.

Sector privado: el rol de las empresas Un hallazgo relevante es la gran diferencia que hay entre la corrupción de las grandes empresas comparada con la corrupción que hay dentro de los pequeños comercios. A la pregunta “en general, ¿cuánta corrupción cree usted que hay entre los grandes empresarios?”, el 79% de los mexicanos responde que hay “mucha o algo”. Sin embargo, cuando se hace la misma pregunta sobre los pequeños negocios y comercios, el porcentaje baja a 53% de los encuestados. Aunque ambas preguntas están enfocadas al sector privado, para los mexicanos sí hay una diferencia importante entre pequeños negocios y grandes empresas. Una primera explicación de esto puede ser la percepción de los diferentes tipos de corrupción. De acuerdo con Transparencia Internacional, cuando se habla de corrupción, se puede agrupar en corrupción política, gran corrupción o corrupción colusiva ( grand corruption ) y corrupción extractiva ( petty corruption ). La corrupción política se refiere a los actos delictivos cometidos por funcionarios y autoridades públicas que abusan de su poder e influyen para realizar un mal uso intencionado de los recursos financieros y humanos a los que tienen acceso, anteponiendo sus intereses personales y/o los de sus allegados. La gran corrupción consiste en el abuso de poder en los altos niveles, que causa un amplio daño tanto a los individuos como a la sociedad. Por el contrario, la corrupción colusiva se refiere al “abuso cotidiano del poder encomendado por parte de funcionarios públicos de niveles bajo y medio en sus interacciones con ciudadanos ordinarios, que frecuentemente tratan de acceder a bienes o servicios básicos en lugares como hospitales, escuelas, departamentos administrativos u otras agencias” .

Cuando se pregunta por corrupción, los mexicanos lo asocian en mayor medida con la gran corrupción, que sería el tipo en el que se ven involucrados los grandes empresarios. Sin embargo, cuando se habla de pequeños negocios, que estarían involucrados en esquemas de corrupción extractiva, es menos probable que se piense que hay algún tipo de corrupción. La elevada percepción de corrupción entre los grandes empresarios parece responder a la incidencia de escándalos de gran corrupción, cubierta por los medios y la prensa constantemente —como señala Leslie Holmes en su libro ¿Qué es la corrupción? —, y que invariablemente involucra no sólo al gobierno, sino también a alguno de estos grandes empresarios. Es innegable que las grandes empresas tienen una mayor capacidad de modificar el marco legal que las regula, ofrecer sobornos a las autoridades que deben vigilarlos u obtener contratos públicos a través de acuerdos indebidos. Por su lado, un pequeño empresario que trata de sacar adelante su negocio es percibido como víctima, y no como promotor de la corrupción. No obstante, en el largo plazo, el rompimiento del piso parejo para competir afecta a las ganancias de todas las empresas, y son las más grandes las que más pueden hacer por exigir mejores condiciones de competencia, reglas claras y sanciones a quienes cometan actos de corrupción. Para los mexicanos, las empresas y los ciudadanos están en un segundo plano en cuanto a actos de corrupción. Tanto en responsabilidades como presencia, el gobierno es predominante en la percepción de los encuestados. A un año de realizar por primera vez la encuesta sobre percepción de corrupción, vemos que, aunque se le asigne menor responsabilidad al sector privado que al gobierno, sigue siendo una proporción muy alta (50%), y esta no ha cambiado de un año a otro.

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