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México se ha quedado rezagado. La crisis económica por la que atraviesa el mundo debido al paro de actividades como medida para contener la pandemia del coronavirus golpeó a todos los países, pero algunos saldrán más rápido y todo depende de sus industrias.

En México siguen siendo las mismas desde hace medio siglo, de acuerdo con datos del ranking ‘Las 500 empresas más importantes de México’ , los principales sectores no han cambiado: petróleo, manufactura y comercio. Hay tres elementos que condicionan este rezago: la falta de una política industrial, la ausencia de un sistema educativo de alta calidad que se conjuga con que no hay empresarios que busquen ser líderes de innovación. “México no tiene empresas de innovación tecnológica porque ninguno de los elementos se ha dado”, afirma José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (Idic).

Las industrias tradicionales tienen tasas de crecimiento más bajas que aquellas que requieren fuerte inversión e innovación, como la farmacéutica o la de tecnología y que no están desarrolladas en el país. “México al haber abandonado su política industrial hace 30 años renunció a esa guía de desarrollo de empresas grandes y tecnológicas”, señala De la Cruz. Las consecuencias son evidentes si se compara con países como Corea del Sur. Hace 50 años el PIB per cápita de aquel país era de 158 dólares, menos de la mitad del que tenía México de 345 dólares. Corea del Sur logró tener una política industrial y desarrollar empresas propias de alta tecnología, y ahora su PIB per cápita es de 31,762 dólares, más de tres veces superior al de México que es de 9,863 dólares, de acuerdo con datos del Banco Mundial.

El principal factor que explica que Corea del sur le haya dado la vuelta a México es el estado dirigista en Corea, explica Juan José Ramírez, doctor en Desarrollo Económico y Social del Centro de Estudios de Asia y África de El Colegio de México. “La intervención del estado tuvo una importancia decisiva en la capacidad que tuvo el país para general grandes empresas desde el inicio de la industrialización de Corea y para instaurar un sistema de protección económica que ha variado con el tiempo”, señala el académico. En Corea “ha habido una continuidad en la capacidad del estado para dirigir la economía”, dice Ramírez, pero esta continuidad ha tenido también como elemento principal la flexibilidad para que el estado adapte las políticas a los contextos internacionales, haciendo que el país crezca y se desarrolle en un mundo global. Por el contrario, el desarrollo de México se ha limitado por la falta de una política industrial de visión de Estado (y política) a largo plazo y la “confusión de que el libre comercio era sinónimo de política industrial”, comenta De la Cruz. El error, señala el especialista, es que creyó que con el hecho de que la economía se abriera lograría un intercambio de tecnología e innovación, pero esto solo se quedó dentro de las empresas y no transmitió al resto del país. “Pareciera que México no se ha abierto a los nuevos sectores, que no es participe con empresas propias, está renunciando a participar como líder en eso que es el futuro”, dice De la Cruz. Las consecuencias de este rezago son más evidentes con la crisis del coronavirus. “La respuesta tanto para enfrentar la pandemia como para reactivar la economía está en tener alto desarrollo tecnológico y en empresas que lo impulsen en conjunto con las decisiones de gobierno”, afirma De la Cruz.

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